CEFALEAS Y MIGRAÑAS: EXPRESIONES DE NUESTROS CONFLICTOS

  El dolor de cabeza es el síntoma psicosomático por excelencia. La región de la cabeza representa a nivel subconciente el centro de nuestra individualidad, de nuestro yo profundo. Si nos duele la cabeza, estamos en conflicto con nosotros mismos. El dolor de cabeza está reflejando nuestra falta de auto-aceptación y se relaciona con un bloqueo de la expresión de los sentimientos (de la ira, sobre todo, como expresión auténtica del yo que se defiende). Las cefaleas son básicamente un problema de autoestima (como la inmensa mayoría de los problemas). Detrás de la cefalea está la autocrítica, el autocastigo, el yo vuelto en contra del yo. Nos juzgamos con demasiada severidad y nos acusamos (nos damos “golpes en la cabeza”), producto del perfeccionismo exacerbado y la autoexigencia excesiva. Nos esforzamos más allá de lo saludable por las presiones internas y externas, intentando ser lo que los demás pretenden que seamos.

  La mayor parte de la gente con dolores de cabeza experimenta una tensión considerable en la nuca, en la región sub-occipital. La tensión en la base del cráneo expresa la necesidad de mantener el control sobre sentimientos de rebeldía que consideramos inaceptables o inoportunos (si no hubiese consecuencias, diríamos y haríamos lo que realmente queremos, pero debemos “adaptarnos” y someternos). La tensión muscular es uno de los medios más eficaces con que cuenta nuestro cuerpo para reprimir los impulsos agresivos. Es como si pusiéramos una tapa encima de nuestra agresividad para evitar “explotar” (a veces toda la parte superior de la cabeza está tensa o hay una banda de tensión a nivel de la frente).

  El lado positivo del dolor de cabeza es que nos puede estar protegiendo de enfrentar alguna situación que tememos, o nos puede permitir obtener, de un modo poco saludable, más amor y atención. Cuando no podemos satisfacer por medios adecuados y saludables nuestras necesidades psicológicas de amor, atención, pertenencia, sentido, trascendencia y descanso, lo hacemos con métodos más dolorosos y peligrosos, tales como las enfermedades.

  La migraña, jaqueca o hemicránea es un dolor unilateral con fotofobia, náuseas y vómitos. La gran diferencia con las cefaleas es que podemos ser concientes con relativa facilidad de las causas emocionales que desencadenan a éstas, mientras que los sentimientos que generan las migrañas permanecen bloqueados en el inconciente y lo único que se siente es el dolor. Así como la cefalea manifiesta una represión de la ira, la migraña representa la represión del amor. La migraña brota del bloqueo de intensos sentimientos de amor experimentados por el paciente durante la infancia, que en su momento fueron considerados por el subconciente como inapropiados o peligrosos. La hemicránea se produce por el bloqueo del deseo, que se transmite principalmente a lo largo de las arterias (la sangre no sólo transporta oxígeno sino también sentimientos, desde el punto de vista psicosomático). En la jaqueca, las arterias de la cabeza se contraen para impedir que las emociones inapropiadas se “nos suban a la cabeza” y la presión de la sangre provoca el intenso dolor de pulsación: es el sentimiento que, aún después de tantos años, busca su expresión y lo hace a través del síntoma.

  También puede ser causa de migrañas un sentimiento de inferioridad (un “no puedo” grabado desde la niñez) en el que la persona teme ser lo que realmente quiere ser, sintiéndose además culpable por la posibilidad de enfrentar a las figuras de autoridad. En este caso existe también una lucha interna que transforma la cabeza en una olla de presión.

  El camino más seguro y duradero para aliviar las cefaleas y las migrañas será procesar (vía TRAC®, sin la necesidad de revivir todo el dolor del pasado) aquellos sentimientos y pensamientos que han quedados congelados en el tiempo y que ahora se manifiestan disfrazados como síntomas físicos. El alivio de los conflictos internos siempre redunda en una mejoría notable de la salud psicofísica.