EL FINAL DE UNA ILUSIÓN

  Cuando se frustran los deseos de contacto amoroso y aprobación, aparece el deseo de morir. Vivir ya no tiene sentido. La depresión, nombre clínico para la ausencia del deseo de vivir, es el resultado de la falta de aceptación por parte de los otros, especialmente durante la infancia. En la vida adulta, la depresión estará oculta mientras se mantenga la esperanza de conseguir el amor de los otros, que funcionarán inconcientemente como sustitutos de los padres, en lo que a afectos se refiere. Pero dado que una relación no puede reemplazar a la otra, la desilusión sera inevitable, con la consecuente depresión.

  Cuando las esperanzas de ser amado se han perdido totalmente, el ego, como defensa de aquello que creemos ser, desarrolla la estrategia del suicidio. Este fenómeno no sólo se dirige contra uno mismo, sino contra los otros. Es una forma de reprochar y acusar a los demás, a la familia (Freud diría que es vengarse mediante el autocastigo). Ellos le han fallado al ego. Se está manifestando un sentido de fracaso, y el mensaje es: “me fallaste”. ¿En qué lo han defraudado?: en su necesidad de amor y aceptación. La falta de amor ocurre especialmente durante la infancia, pero luego se repite (y se siente) a lo largo de toda la vida. Si este sentimiento no es reconocido a tiempo, se llega a la necesidad de demostrarlo con el acto suicida. El suicidio es la última jugada del ego para llamar la atención; es una llamada de ayuda. Expresa el deseo de ser tomado en serio.

  Por otro lado, el hueco anímico por la falta de afecto y reconocimiento, genera hostilidad como defensa del ego herido. Esta agresividad es reprimida y acumulada, y es por esto que el suicidio y el homicidio pueden ir juntos: la agresividad acumulada explota y se dirige a los otros y a uno mismo.

  El ego se alimenta de las frustraciones, de modo que debe seguir demostrando a cada ser querido: “vos también me fallaste”. Entonces, un camino para preservar la vida de un potencial suicida es reconocer que le hemos fallado, que lo hemos defraudado. En realidad, le hablamos más que nada al ego, pero es necesaria una disculpa sincera, porque los reclamos del ego no son puro humo.

  El otro camino, el que lleva a las causas primeras del deseo de quitarse la vida, consiste en el trabajo terapéutico para lograr la aceptación y superación de la frustración amorosa original, que no se puede remediar con otros amores. Reconocer en plenitud es liberarse.