ENFERMEDAD POR INHIBICIÓN DE LA ACCIÓN

Extracto de una conferencia de Henri Laborit

 

  Ante una amenaza o agresión se huye, se lucha o no se actúa. Si la huida o la lucha son eficaces, liberan o evitan el peligro, el dolor y el displacer.

  Pero en algunos casos, no se puede huir ni luchar. Es mejor no actuar. Entonces, entra en juego el Sistema Inhibidor de la Acción (SIA), que permite no moverse, esperar: una espera en tensión. No se puede huir, no se puede luchar: queda uno bloqueado. Por ejemplo, un empleado con un jefe opresor no se escapa porque quedaría sin trabajo, ni lo golpea porque además iría preso. De ese modo, se entra en inhibición de la acción.

  Así, se reprime un impulso interior por temor a las consecuencias. Hay impulso a actuar, pero el medio social lo prohíbe. Esta represión genera ansiedad.

  Hay personas muy bien consideradas en el ambiente social en el que viven, tienen todo para ser felices, están colmadas, pero se sienten mal consigo mismas porque no pueden actuar para sentir un verdadero placer. No pueden realizar sus pulsiones profundas.

  Cuando se está huyendo o luchando se libera adrenalina. Cuando está actuando el SIA, se libera noradrenalina y cortisol. La adrenalina es la hormona de las situaciones de urgencia, porque genera una vasoconstricción a nivel del área esplácnica y de la piel, y dilata los vasos de los músculos que deberán contraerse si se quiere huir o atacar, del corazón, que tiene que impulsar más sangre a esos músculos, y de los pulmones, que tienen que respirar activamente para oxigenar la sangre y el cerebro.

  En la espera en tensión, el organismo se llena de noradrenalina y cortisol. Por ejemplo, el gato que tiene el pelo erizado esperando al perro, está atiborrado de ambos. Si el gato sale corriendo y se sube al árbol, a partir de ese momento ya no libera noradrenalina ni cortisol. ¿Qué significa esto? Que cuando se está en inhibición de la acción se está colmado de noradrenalina y cortisol y las consecuencias de esto son sencillas: el cortisol se prescribe en general enfermedades autoinmunes, cuando el organismo no es capaz de reconocer sus propias proteínas. Los glucocorticoides se administran conjuntamente con antibióticos, porque destruyen el timo, donde nacen los linfocitos T, y bloquean al sistema inmunitario.

  Entonces, el deprimido, el inhibido lleno de glucocorticoides, ha bloqueado su sistema inmunitario y si algún microbio o virus está en los alrededores, se produce una infección.

  Pasteur focalizó la atención de los médicos en los microbios, mientras que en la misma época, en 1878, Claude Bernard ya decía: “El microbio no es nada, el terreno lo es todo”. Y, en verdad, el terreno lo es todo. Un  mismo cultivo de estafilococos, con la misma cantidad y virulencia inyectada a diferentes individuos, va a producir en uno un forúnculo, en otro una septicemia mortal y a un tercero no hará nada.

  Sobre un animal en inhibición de la acción, el cadmio es cien veces más tóxico que en un animal que está libre de preocupaciones en cuanto a la supervivencia y que tiene a su disposición animales del sexo opuesto para copular.

  Todos tenemos células cancerosas que nacen a cada instante en nuestro organismo. Si nuestro sistema inmunitario está bloqueado, se producirá una evolución cancerosa. No hay una causa del cáncer. Si bien existen cancerígenos y virus oncogénicos, si no se está en inhibición de la acción, aquéllos no van a generar una evolución cancerosa.

  Además, el cortisol, como los mineralocorticoides, retiene agua y sales. De modo que la masa sanguínea va a aumentar de volumen en un sistema cardiovascular que disminuye su capacidad, porque además de retener agua y sales, el organismo está lleno también de noradrenalina. Esto provoca la denominada hipertensión esencial.

  ¿Y qué resulta de la hipertensión y de la liberación de noradrenalina? Una perturbación del metabolismo de los lípidos, ateroesclerosis, infarto del miocardio, hemorragias cerebrales, en suma, todo lo que se puede conocer sobre las llamadas enfermedades de la civilización, que no son otra cosa sino enfermedades por inhibición de la acción.

  Además, los glucocorticoides estimulan el catabolismo proteico, es decir, la destrucción de proteínas. Si a un animal se le inyecta cortisona, se impide el sueño paradojal, porque no puede resintetizar proteínas, entonces el sueño ya no es reparador. Los paciente dicen: “Doctor, duermo mal”. Esto ocurre porque están atiborrados de glucocorticoides debido a que se encuentran en inhibición de la acción.

  Cuanto más en inhibición de la acción está un individuo, más se bloquea, más se destruyen sus lípidos de membrana y más envejece.

  El accionar del SIA representa toda la patología. 

 

  (Cortisol, glucocorticoide, corticoide y cortisona pueden considerarse sinónimos).