ESTAR EN EL PRESENTE PARA RESOLVER EL PASADO 

  El sentido común nos dice que para resolver los traumas del pasado que nos trastornan en la actualidad, debemos volver a esos acontecimientos y trabajarlos de alguna manera. El problema es que en nuestra intimidad anímica no se aplican las mismas leyes que rigen en el mundo externo de los objetos materiales, Más bien, la lógica del mundo de la mente es opuesta a la lógica de las cosas sensibles. Si afuera a una fuerza dada hay que oponerle otra igual y de sentido contrario para neutralizarla, adentro, en el territorio de la psiquis, el cambio se produce no enfrentando fuerzas, sino dejando de resistir a aquello que deseamos modificar. Paradójicamente, ejercer cualquier acción sobre un pensamiento o un sentimiento, sólo consigue perpetuarlo. La clave para comprender este curioso fenómeno es que nuestro inconciente no distingue entre atracción y rechazo. Lo único que cuenta en el campo mental es la atención. Si fijamos nuestra conciencia en lo que deseamos evitar, nuestra conciencia estará alimentando su permanencia. Por ejemplo, si pensamos continuamente “yo no quiero este trabajo” o “yo no quiero estar en pareja con esta persona”, el inconciente descartará el “yo no quiero” y conservará “este trabajo” o “en pareja con esta persona”, que son los objetos de atención. En otras palabras, a lo que no deseamos o nos hiere internamente, debemos matarlo con la indiferencia. Es como agua que debe pasar por debajo del puente. Inútil y doloroso será todo esfuerzo para intentar revertir el caudal de pensamientos y emociones.

  La ley de causa y efecto que conocemos y es soberana para los objetos exteriores, donde la causa debe preceder en el tiempo al efecto, no tiene vigencia para los objetos interiores. No debe entenderse esto como que no existe la causalidad psíquica, sino que las causas y los efectos se relacionan de forma diferente a la que estamos habituados. Creemos que el pasado determina el presente, pero en realidad es el Hoy lo que causa el ayer, dado que el momento presente es lo único real y tanto el pasado como el futuro son construcciones mentales. Debemos imaginar al presente como un barco que al avanzar deja una estela en el agua que es el pasado. Todo tiempo pasado no es más que la huella que va dejando este instante atemporal y esta huella existe siempre en el presente, ya que todos los cambios permanecen aquí y ahora.  Esta es la clave: No hay pasado y no hay futuro... todo lo que puede haber está aquí y ahora. Incluso las imágenes y sentimientos del pasado no son más que fenómenos que se manifiestan en el presente (de ahí el concepto de tiempo psicológico, para contraponerlo al tiempo real que es el Hoy).

  Una vez comprendida esta perspectiva centrada en el presente, tanto el paciente como el terapeuta reconocen que no deben ir a ningún lugar que no sea el aquí y ahora para sanar los traumas, ya que lo único que persiste del pasado son las marcas que ha dejado impresas en el sistema nervioso. Entonces, la tarea no consiste en revolver y revolcarse innecesariamente en una historia penosa, que no es más que un conjunto de pensamientos, sino en borrar las huellas (las causas) que determinan los pensamientos y sentimientos dolorosos (los resultados).