LA SOLEDAD Y EL SENTIDO DE UNO MISMO

  El sentimiento de soledad es uno de los estados internos más angustiosos que se pueden experimentar. Es una sensación de separación de todo y de todas las cosas, percibida en ocasiones como vacío y oscuridad alrededor de quien la padece. Una emoción tan extrema tiene que tener una raíz profunda y una gran significación, ya que cuanto más doloroso es un fenómeno psíquico, mayor es la oportunidad de utilizarlo en beneficio de nuestro yo profundo. Su significación está en que la soledad como sentimiento es una reedición de la angustia infantil más primitiva, la cual se desata a partir del nacimiento con la expulsión del niño del vientre materno. Esto representa la pérdida abrupta de un ambiente colmado de satisfacciones donde no existe el sufrimiento ni el otro como contraposición a un “yo” todavía inexistente. La angustia existencial se establece gradualmente con la formación del yo psicológico y el reconocimiento diario por parte del niño de un mundo distinto y ajeno a ese “sí mismo”.

  Esta sensación de aislamiento se actualiza o se pone de manifiesto en etapas posteriores de la vida, ante pérdidas más o menos importantes, según la particular sensibilidad de la persona, revelando la persistencia en el tiempo de esta ansiedad básica, aún de modo latente. Ante su irrupción, se generan mecanismos de escape tales como la actividad laboral, las distracciones de diverso tipo y el consumo de sustancias que contrarresten la angustia. De manera que se puede afirmar que todas las adicciones y dependencias son intentos fallidos de aliviar el sufrimiento psíquico de base.

  El camino para superar el sentimiento de soledad, así como cualquier otro sentimiento negativo, no es la oposición ni la fuga, sino el desprendimiento, que consiste en no rechazar el sentimiento en cuestión. Esta actitud permite al dolor continuar con su evolución natural, que es limitada y transitoria si no entorpecemos su curso. Por otro lado, no olvidemos que nuestra percepción de soledad es en realidad una percepción desde el ego, desde esa falsa identidad que se sostiene por medio de la oposición y el rechazo. Si nos relacionamos con las personas y las cosas desde una idea errada de nuestro propio ser, el sufrimiento será la consecuencia inevitable. En realidad, quien teme y se siente aislado es ese falso yo que creemos ser.