NUEVAS ENFERMEDADES, LAS MISMAS CAUSAS

  En 1994 se incluyó bajo el nombre de “síndromes disfuncionales” una serie de patologías que tenían en común una serie  de manifestaciones sin causas evidentes, tales como fatiga que no mejoraba con el reposo y ocasionada por ejercicios mínimos, alteraciones cognitivas (dificultades de concentración, memoria y comprensión), infecciones de repetición, trastornos gastro-intestinales, hipersensibilidad a sustancias varias, manifestaciones inflamatorias dolorosas y sueño no reparador. Más recientemente, el etiquetado Síndrome de Sensibilidad Central (SSC) agrupa a un conjunto de enfermedades como la fibromialgia, fatiga crónica, colon irritable, dolor miofascial, dismenorrea y cistitis intersticial, entre otras. Los síntomas más comunes del SSC son dolor generalizado, cansancio y desgano, e insomnio, afectando al sexo femenino sobre todo. Se descubrió que en estos pacientes existe una hiperexcitabilidad de las neuronas del sistema nervioso central a los distintos estímulos periféricos (dolor, olores, ruidos, alimentos, productos químicos, fármacos, cambios de tiempo y estrés), que provoca una hiperrespuesta que se mantiene en el tiempo a pesar de la desaparición del estímulo. Además, en relación al dolor, estos pacientes tienen una área cerebral de recepción del dolor de mayor extensión que la normal, generando una respuesta exagerada a los estímulos dolorosos normales (hiperalgesia), e incluso una respuesta dolorosa después de estímulos normalmente indoloros, como el tacto o la fricción de la ropa (alodinia).

  Muy relacionados con esta afección se hallan los Temperamentos Altamente Sensitivos (TAS), que constituyen una variación normal del carácter encontrada en un 20% de la población (una de cada cinco personas). Estas personas se ven fácilmente abrumadas cuando están en un ambiente muy estimulante (multitudes, ruidos). Son extrasensitivas al estrés (así como a los valores estéticos y espirituales), intuitivas, perfeccionistas, imaginativas y creativas. Son concientes de lo que la gente alrededor de ellas está sintiendo y sienten profundamente el sufrimiento de otros (son demasiado empáticas), tratando de proteger a demás. No les agradan los conflictos y son fácilmente heridas por las críticas o incluso por una mirada hostil. Suelen ser tímidas y se sienten incómodas en sociedad. La mayoría de la gente con dolor crónico físico y emocional son altamente sensitivas. Las siguientes son expresiones comunes de las personas altamente sensitivas: “quisiera ser más fuerte”, “algo está mal en mí”, “quisiera que mis emociones no fueran tan obvias”, “quisiera poder dejar ir las cosas y no preocuparme tanto”, “mis sentimientos no son importantes para los demás”, “nunca sentí que mis sentimientos fueran válidos”, “es egoísta de mi parte manifestar mis emociones”, “me siento invisible”, “nadie cuidó de mí y debe ser por mi culpa”, “esperaban más de mí”, “me dijeron muchas veces que nunca haría nada bien”, “yo no tengo metas, excepto cuidar de otros”, “los sentimientos y necesidades de los otros están antes que las mías”, “no puedo pedir ayuda”, “no me valoro lo suficiente como para pedir ayuda”, “no merezco nada”, “aprendí que es peligroso divertirse y ser espontáneo”.

  Una persona altamente sensitiva no necesariamente está enferma, pero es un terreno propicio para el desarrollo de las afecciones del SSC, como la fibromialgia o la fatiga crónica. Yendo a las raíces mismas, hallamos los sentimientos que hemos guardado durante años o décadas porque en su momento no era posible o seguro expresarlos. Una persona altamente sensitiva probablemente creció en una familia que fomentaba la necesidad de aprobación y la expectación de éxito, dando como resultado ideas como: “no estoy a la altura”, “no soy suficientemente bueno”, “no estoy haciendo lo suficiente”, “tengo que agradar a los demás”, “tengo que pretender que todo está bien”, “me dejo a mí mismo para lo último”… es decir, vivir para los otros.  El dolor y el cansancio es una señal de que hemos estado sosteniendo miedo y cólera dentro nuestro durante un largo tiempo (“no puedo expresar lo que siento”, “no puedo ser quien realmente soy”, “tengo problemas para decir qué quiero”).

  Una vez que hemos comprendido cual es la causa fundamental de este trastorno y otros similares, no estaremos tratando tal o cual enfermedad, sino la autoestima. La baja autoestima no son más que pensamientos negativos referidos a nosotros mismos (pensamientos de “no poder”). Mejorar la autoestima es vital para sanar.